Keynes y la concentración de cartera

Keynes

John Maynard Keynes nació en la ciudad británica de Cambridge, que además fue la primera del mundo que ofertó entre sus títulos la carrera de Economía y en la que Keynes fue, primero alumno y más tarde profesor. Si se han de destacar tres ideas que describan la obra de Keynes, podrían ser las siguientes: 1) Pensaba que la política económica era la herramienta clave para sacar a un país de la crisis. 2) Su idea era que los gobiernos debían tratar de estimular la demanda que había en la economía. 3) La mejor manera de estimular la demanda sería utilizar la política fiscal, el déficit público.

Por estos lares, no somos muy afines al Keynesianismo. Pero leyendo el libro 100-Baggers, nos hemos topado con una curiosidad sobre Keynes. Prefería una cartera concentrada. Cuando se le cuestionó sobre una compra de acciones demasiado grande, contestó con la siguiente cita: “Una parte buena es más segura que diez malas”.

En relación a la diversificación, Keynes también tuvo ocasión de hacer comentarios como: “Llevar los huevos en un gran número de cestas, sin tener tiempo ni oportunidad de descubrir cuántas de ellas tienen agujeros en el fondo, es la forma más segura de aumentar el riesgo y la pérdida.”

Un beneficio ampliamente reconocido de la diversificación es que amortigua la cartera al diluir el impacto negativo de un error individual, y eso es cierto. Sin embargo, rara vez se menciona la argumentación completa, acompañando a ella que, cualquier proceso que diluya un error también debe diluir los éxitos individuales.

Para desgranar la Teoría de John Maynard Keynes, supongamos que un inversor posee sólo dos empresas durante una década. Una crece 8 veces y la otra quiebra, o sea, se nos va a 0. En general, el rendimiento va a ser de 4 veces o un 15% anual.

A continuación, imaginemos una cartera “diversificada” con diez empresas. Dos de ellas nos crecen 8 veces, una se nos va a cero y las siete restantes se duplican (x2). Rendimiento final: 3 veces o un 12% anual. Todo ello, a pesar de que hubo 2 grandes éxitos y solo un error.

Por ello, nos preguntamos: ¿No tendría más sentido concentrarse en uno o dos vehículos de éxitos para compensar el error ocasional que “diversificar” en empresas comunes y corrientes?

Warren Buffet también lo veía así a finales de los años 80. Y es que, los activos en Berkshire Hathaway contenían participaciones en las siguientes empresas: Washington Post, GEICO, ABC-Cap Cities y Coca-Cola.

Hay que tener en cuenta que la “diversificación” también puede fomentar un falso sentido de protección. Si uno compra empresas sobrevaloradas (no importa cuántas se posean), la diversificación no protege ni puede protegerse contra este riesgo de sobrepago. Y ésto puede provocar un gran agujero en nuestra cesta. Además, con demasiada frecuencia diluye el objetivo de invertir: Poseer empresas superiores a precios atractivos.

Como en el caso de Buffet o Keynes, una cartera de inversión podría concentrarse en un puñado de acciones. Después de todo, las empresas “superiores”, por definición, son pocas. Sólo una parte de su funcionamiento podría entenderse claramente, ya que estas grandes empresas son demasiado complejas para calibrarlas con una alta confianza.

Conclusión

Una empresa considerada como muy potente solo puede adquirirse a precios favorables en muy RARA OCASIÓN. En vista de estas realidades, el inversor debería contentarse con descubrir, al menos, una oportunidad de inversión adecuada por año. Ya que, una diversificación excesiva, no haría más que forjar la mediocridad y la incertidumbre. Abrochándose a los amplios resultados del mercado.